viernes, 27 de enero de 2012

Un asunto culinario


Espero que te alimentes de mi cuerpo a partir de esta noche. Piensa en lo abundante, cada porción ha de equivaler al tamaño de mi mano, a lo más. Serán banquetes que harán por saciar tu gula o ansiedad. Piensa en si utilizarás algún condimento sobre mi carne. Si preferirás almacenarla y si te vendrá bien que la piel se halle tostada, asada. Aunque lo cierto es que todo ello te será difícil, tal vez te sea difícil imaginarte que por lo menos durante las siguientes semanas, seré tu única provisión protéica. Porque espero que me acompañes con vegetales, alguna ensalada, y algo para beber. No esperes una nota con estas especificaciones. No busques en esta computadora instrucciones para lo venidero. Más invita a quien desees a las comilonas. Sugiero sean "de traje". Sugiero compartas la receta, más no de quién ha provenido la materia prima del guiso. Sugiere carne importada. Sugiere cortes traídos del norte del país. Sugiere que haces esto porque disfrutas de su compañía, y que además, porque les amas y cuentas con ellos, les compartes la receta -varía algunos gramajes, para que nunca sea el resultado como el tuyo-.
Esta noche llegarás, la puerta estará abierta, la luz encendida y quizá -si eres puntual-, consigas todavía presenciar (y me imagino, disfrutar), el goteo -prevendré una bandeja, la sangre puede ser un consistente condimento o si el afán y conocimiento culinario lo permite, ser base de preparados mayores, algo más elaborado que la tradicional morcilla, quizá-. Por favor, llega con hambre. No te alimentes a partir de ahora. Las doce horas que separan estas letras de tu llegada, supongo serán suficientes para que tus jugos gástricos hagan lo propio y para que tu siempre honesta hambre de mí, se despliegue sin restricciones al momento de que frente a ti, mi cuerpo no sea más, que carne para el asadero o el congelador. Para tus dientes. Para tu esófago. Para tus intestinos. Que al prepararla, la cocción no exceda el medio término. Para que tus intestinos consigan desecharla en el tiempo sano y no retengan mendrugos transitando hacia su putrefacción. Que nada se pudra dentro de ti. Que a partir de esta noche, nada se retenga dentro de ti. Puedes también beber el contenido de la bandeja, lo que ayuda a una digestión pronta, contraviniendo cualquier asomo de estreñimiento. En el primer momento, si estas letras no previenen tu asombro, respira, sigue la tradición Kundalini, acepta que el ecosistema coloca delante de ti una posibilidad más de nutrirte sin exterminar otros recursos naturales. Considéralo incluso, una especie de bendición. Tu alimento además, no hará más daño a tu ecosistema. No necesitarás pues, contribuir más durante el mismo, al exterminio para nutrirte. Y no, estas letras no son una despedida. Tampoco un instructivo. En todo caso, considéralas una dedicatoria, el sustituto a una tarjeta "De:/ Para:"E imagina entonces las decenas de posibilidades: Mis muslos al beschamell, mis pantorrillas a la salsa de arándano -sin picante-, los bíceps a los tres quesos, mi pene a las finas hierbas. Para asar, quizá la lengua, los dedos -pies y manos-, las nalgas que son escuetas, aprovecha la grasa abdominal para marinar en su propio jugo. ¿Quién vendrá al asado? Que alguien traiga el vino. Las cervezas sólo para contribuir al sabor. ¿Quién te acompañará en el primer banquete y más aún, qué parte elegirás para él? ¿parte de mi espalda? -filetes apenas condimentados, en trozos, listos para sumergirse en fondue-.
Has quizá de comenzar con la respiración circular de un momento a otro, sugiero. Adopta una posición. O haz Tai Chi. Golpecitos en la coronilla, Chi Kung. Esta noche, será la primera noche en tu vida, considera eso. Algo de aburrimiento al menos, le restará a tu abulia.
Sólo por un segundo, llego a imaginar el ritmo de su respiración mientras lee esto. No sigue las enseñanzas hindúes. Apenas consigue tragar algo de oxígeno. El resto es pánico.
No sientas pánico, por favor, no sientas pánico.
Apenas consigue continuar leyendo, pero lo hace. Con lágrimas involuntarias -ahora reconoce que casi todas las previas, lo han sido-. Apenas logra que dada la tensión cardíaca, el músculo -porque eso es lo que el corazón es-, no se acalmbre y le acontezca entonces, el inicio de un infarto. Pienso por un segundo ¿qué haces con el músculo cardíaco acalambrado? ¿cómo lo estiras para aliviar la contractura? Evita el infarto al miocardio. Evita el paro cardio respiratorio. Evita el shock hipovolémico. Evita el incremento de azúcar en tu sangre. O vivirás de por vida restringiéndote los chocolates.
Llegué a pensar, no obstante -y al estilo de cuando siendo niño, los juguetes solían contener atractivas instrucciones, algunos con fotos de los mismos-; dejar el listado de algunos pasos a seguir. Lo usual: ¿quién poseerá ahora mis bienes? ¿habrá algo que hacer con lo único que considero valioso? ¿a quien heredar las deudas? ¿cómo hacerte llegar el presente? ¿dar aviso a alguien que a su vez de aviso a alguien que a su vez de aviso a alguien cercano a ti para que a su vez te avise con el suficiente tacto? Quizá él te acompañe. Quizá sea tu primer invitado. El primer comensal del inicio de tu carrera culinaria.
De ser japonés el amigo cercano, cuyo tacto le obliga además a ser solidario y acompañarte a presenciar mi cadáver, inicia con por las víceras, a la plancha, para que le sea fácil asimilarlo y lo vea como moluscos o mariscos de cierta viscosidad, cocinados a la plancha. O un sushi. Un sushi de las ramificaciones arteriales. Rollos conteniendo finos cortes de la parte interna de los riñones. Lo imagino salado.
Una nota. Una aclaración. Un manifiesto para el notario. Quien escribe, no va a suicidarse. Quien escribe, ha comprendido su escala en el ecosistema, y en las cadenas evolutiva y alimenticias. Quisiera -bajo protesta de decir verdad y de contar con los recursos, un sello notarial daría fe de ello-, que praderas habitaran mi hogar, y osos grises, tigres siberianos o leones albinos, me devoraran. Pero ahora ellos están en reservas o son el trofeo de cazadores multimillonarios. Y como imagino que dada tu educación no considerarías la posibilidad de encontrarte unos escalones arriba de mí en las mencionadas cadenas, mi suposición es que no caeré en tus colmillos si no me ofrezco a ellos voluntariamente. Así que de momento, soy el carnicero. El destazador. De contar con el valor suficiente y el umbral de dolor amplificado, me desollaría yo mismo para evitarte el trabajo, me partiría en canal porque sé que ignoras el uso del hacha.
Deseo que hallas podido terminar de leer esto.
Y que aguardes con ansia, pero sobre todo con hambre, las siguientes doce horas.
Para venir por mi cadáver.
E iniciar tu carrera culinaria.
Te deseo mucho amor en tus banquetes. Es importante -repito-, que quienes te acompañen, sepan que cuentas con ellos para lo que sea.
Provecho.

No hay comentarios:

Publicar un comentario