jueves, 15 de diciembre de 2011

Apunte sobre la composición atmosférica.


Si en esa nave de cartón hubieras despegado hace veinte o veintiocho años, habrías descubierto la auténtica composición de la atmósfera terrestre. Sabrías que no es oxígeno lo que contiene ni que es bióxido de carbono lo que la cunde; sabrías que no hay capa de ozono. Si ahora estuvieras en donde supusiste, querías estar cada que un suspiro, se obstinaba por determinarse como tu último aliento. Hoy estás frente al espejo. Mírate con detenimiento. No eres tú. Es tu imagen frente al espejo. No te verás pues, nunca en tu justa medida. Existirá siempre esa cara oculta que no te permite la bidimensionalidad del reflejo, así que, si alguien hubiera querido matarte, si todas esas amenazas se hubieran materializado, si esas puntas afiladas dentro tus órganos, si esas sentencias y tú sobre el patíbulo o yunque para guillotinarte, si ese humo elevándose sobre tus letras, si esos deseos por del mundo, sustraer tu aliento; así que, si una tarde de verano tú sentado al filo del edificio en el que en un departamento, con tu padre habitabas, hubieras contenido la respiración y tus manos te hubieran impulsado al vacío, o si de esa Glock 17 9 mm. hubieras su gatillo tensado con tu índice y el cañón contra tu garganta. Así que, si esa tarde de viernes un fade out final a la película de tus recuerdos hubiera llevado a su fin: una música para los créditos finales, o más bien, ningún crédito, ningún nombre de los aparecidos en cada frame ni que dieran cuenta del profundo agradecimiento a cada persona que has amado, o que amándote, proveyó cada locación o recurso para esa película particular de tu memoria. Sí, si esos instantes de levedad manifiesta, no hubieran permitido más la vuelta a tu bunker particular, ¿qué contarían de ti tus fragmentos? ¿cómo se esbozaría el rompecabezas de tus desiertos o inhóspitos parajes lunares?
Ahora que, ya sentado en el borde de un cráter o en el filo de una duna que bajo tu cuerpo se disuelve -esa ausencia de corteza terrestre para la gravedad, esas arenas movedizas del manglar bajo cuya sombra, creciste y te hiciste un ridículo payaso para los espejos rotos o tu amanecer procurando reconocer tu rostro.-, vuelves a preguntarte ¿Es que se trata aún de mí? Y recuerdas entonces una nave espacial, de cajas vacías de pasta dental, inservibles refacciones de una Bendix Miss America, cartones de rollo de papel higiénico y tubos vacíos de Mum bolita mágica, construída. Y te recuerdas a ti mismo conduciéndola, emprendiendo ese viaje fuera de la atmósfera. Y recuerdas cómo tu padre te ayudó, a tus seis o siete años, a confeccionar el vehículo interestelar. Y quieres entonces aferrarte a cualquier indicio que de la presencia de los pingüinos, quede sobre el asfalto. Más querrás hoy, deshacerte de tu último proyector para las risas inacabadas. Detestarás las metáforas que sobre el último otoño has escrito. Dejarás que un helado invierno acoja tu voz para enterrarla y consigo, cuanto supusiste, serían escombros para restaurar una ruina que un día llegue a ser un monumento para la nostalgia. 
Así que, serás treinta o cuarenta años más viejo bajo el sol del invierno
Y sonreirás por ello.
Porque al menos, aún vives para envejecer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario