viernes, 1 de julio de 2011

Así era lo venidero

Por los más de los días, el polvo de los caminos tatuaba el rostro, y se seguían los pasos de ningún lado y hacia ningún lado; podía no obstante contarse, uno a uno, el rumbo de ausentar una brújula o de intentar suspiros en lugar de grados y sustituir en la escala, los metros por los silbidos; así: ¿cuantos suspiros hacia el norte y cuantos silbidos en esa dirección? Los navegantes de las pesadillas o los sueños muertos, los náufragos de la nostalgia, el contramaestre de lo imposible... ¡A babor, a estribor!
Llegué a creer que caminaba, más la ausencia de huellas, dio cuenta de ser las constelaciones quienes permanecían en su traslado eterno, no yo.


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Mil abrazos
¿Si no, dónde recogeríamos nuestros escombros?

José Alberto Gallardo
Teatro de la Brevedad
Director

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